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Puerto de la Cruz, “el Puerto”, como se la conoce popularmente, es una ciudad turística distinta a cualquier otra. Moderna y cosmopolita, en su interior conserva el corazón y el alma de un pueblo entrañable, aquel “modesto tranquilo palomar” que poetizara Rodríguez Figueroa. Junto a las viejas casonas con balcones de madera y cubiertas de teja, se levantan nuevas edificaciones que mantienen los rasgos característicos de la arquitectura tradicional canaria. Sus calles peatonales y sus plazas recoletas evocan la imagen y el sabor del pasado. Hoy conviven aquí, en perfecta armonía, lo moderno y lo tradicional, configurando una fisonomía urbana variada, completa, acogedora y atractiva.

Cerca de un millón de visitantes utilizan cada año las 30.000 camas turísticas de que dispone, y a pesar de la modernidad de los nuevos tiempos, sigue siendo el “hall de Tenerife, tan claro y abierto”, como lo bautizó María Rosa Alonso. Los turistas tienen aquí a su disposición hoteles de primera categoría, dotados de toda clase de comodidades, restaurantes típicos y de cocina internacional, y todo tipo de centros de ocio y diversión. Los folletos turísticos resumen definiéndola con un eslogan de tres adjetivos: cosmopolita, acogedora y divertida.

Pero, sobre todo, es un lugar privilegiado de la Naturaleza, enclavado en medio del fértil y saludable Valle de La Orotava, con el omnipresente Pico Teide presidiendo las alturas. Puerto de la Cruz nació siendo turística y siempre lo será, sean cuales sean los avatares del tiempo. Es turística por Naturaleza, de nacimiento. Ese es el secreto de su prestigio inalterable: su clima primaveral, el ambiente acogedor que rezuman sus calles apacibles y su gente hospitalaria y liberal.

A diferencia de la mayoría de los destinos turísticos, cualquier época del año es buena para venir y conocer este rincón incomparable de la isla de Tenerife, la tierra bien llamada de la “eterna primavera”. Cientos de ciudadanos europeos que vuelven año tras año, con una fidelidad reveladora mantenida desde hace décadas, sienten que disfrutar del aire y el sol de Puerto de la Cruz es una experiencia reconfortante e inolvidable que se hace necesario repetir. Un gran enamorado de esta ciudad, el escritor orotavense Juan Del Castillo, dijo al respecto que “el Puerto representa en Canarias la Ciudad de la vida, de la alegría,.. Porque en fin, venir aquí es siempre una ventura y una aventura”.